Conversión industrial: cambio de propósitos de producción

En enero de 1942, un mes después del ataque japonés a Pearl Harbor, Hawaii, el presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt estableció un Consejo de Producción de Guerra.

El principal objetivo del Consejo era convertir las industrias de tiempos de paz en fábricas de armas y equipo militar para el esfuerzo bélico. Un segundo objetivo fue la conservación de materiales como el metal, que los militares necesitarían para fabricar armas, municiones, tanques, barcos, aeronaves, vehículos, entre otros. Otros insumos considerados esenciales para la guerra fueron los derivados del petróleo, el caucho, el papel y el plástico. Esto significó un racionamiento estricto para los civiles, como limitar el uso de vehículos y la compra de artículos de lujo.

Además de transformar las industrias para la producción en tiempos de guerra, las industrias estadounidenses también proporcionarían gran parte del equipo militar que necesitan los aliados, incluidos el Reino Unido y la Unión Soviética.

La aparición del nuevo coronavirus provocó un movimiento de conversión similar, ya que generó la necesidad de diferentes insumos y equipos hospitalarios en todos los países.

En Brasil, desde el inicio de la pandemia, los hospitales públicos y privados han sufrido la falta de diversos suministros como mascarillas, guantes, abrigos, respiradores y otros elementos utilizados para tratar a los infectados.

Este movimiento de reajuste de las industrias como consecuencia de una determinada circunstancia se denomina Reconversión Industrial.

La reconversión industrial puede definirse como un conjunto de medidas de política económica con el fin de reestructurar un determinado sector en crisis o por alguna contingencia especial mediante la reducción o reorientación de su oferta para adecuarla a la demanda existente. La reconversión industrial es, por tanto, el cambio en los propósitos productivos de una determinada industria con el objetivo de satisfacer las demandas sociales y económicas de un período determinado o adaptar la industria a la demanda del mercado.

Debido a la pandemia de Covid, varias empresas han pasado por este proceso en algún momento de los últimos meses.

A modo de ilustración, el fabricante de automóviles Ford comenzó a producir respiradores para mitigar el riesgo de escasez de equipos. Según Jim Hackett, presidente y director ejecutivo de Ford, “los equipos creativos e incansables de Ford y GE Healthcare han encontrado una manera de producir respiradores rápidamente y en cantidades significativas”.

Otro ejemplo fue el de Fiat Chrysler Automobiles (FCA), que produjo máscaras protectoras para profesionales del área de servicios de salud y emergencias.

Toyota Motor Sales anuncia la producción de protectores faciales 3D mientras busca proveedores de filtros de máscara. Además, Toyota se ha asociado con dos fabricantes de respiradores para ayudarlos a aumentar el volumen de producción.

Tesla en un momento reestructuró la instalación para construir respiradores. Al igual que Ford y General Motors, los ingenieros de Tesla fabricaron respiradores a partir de las piezas de automóvil disponibles para sus vehículos y desarrollaron componentes adicionales para el ensamblaje final.

La línea de montaje de Seat en Martorrell España ha producido respiradores de emergencia que cuentan con 80 componentes electrónicos y mecánicos que han sido sometidos a un exhaustivo control de calidad. También están trabajando y analizando la viabilidad de otros proyectos para contribuir a la lucha contra el coronavirus.

En Brasil, además del esfuerzo por combatir la pandemia, como lo han hecho algunas empresas, la reconversión puede ser una alternativa para las industrias que perdieron mercado en los últimos años. Se presenta como una oportunidad para ser evaluado.

Con la importante reducción de las actividades industriales, debido al aislamiento social, la reconversión industrial es una alternativa para que las empresas mantengan sus operaciones. Sin embargo, la conversión presenta una serie de desafíos.

El primer desafío es económico. Convertir una línea de producción completa y reorientar sus procesos tiene un costo. Además, existe el desafío de comercializar los artículos producidos.

El segundo desafío es regulatorio. La comercialización de productos, especialmente relacionados con el área de la salud, requiere el cumplimiento de una serie de normativas y certificaciones de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa).

Finalmente, hay cuestiones relacionadas con la reestructuración de la propia línea de producción. Es necesario pensar en protocolos de seguridad, que cambian con la producción de diferentes productos de higiene y salud, y se vuelven más exigentes.

No hay duda de que la reconversión industrial en un contexto de desindustrialización que atraviesa Brasil implica un debate profundo y varias variables, pero puede traer beneficios, tanto para la sociedad como para las empresas. El momento de crisis provocado por la pandemia de coronavirus requiere que las industrias se replanteen, con el fin de garantizar la salud financiera, así como contribuir a mitigar los riesgos y daños provocados por la pandemia.

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